Refrescando la memoria os recordamos que un “Testamento Ológrafo” es aquel que puede redactar cualquier persona mayor de edad en pleno uso de sus facultades mentales, es gratuito, no es necesario acudir a un notario, y debe cumplir los siguientes requisitos para que sea válido: Escrito a mano, firmado al final del escrito (si queremos seguir escribiendo hemos de volver a firmar) y fechado con el día, mes y año. Este escrito se puede entregar en sobre cerrado a una persona de nuestra confianza, que lo presentará ante el Juez de Primera Instancia para que lo protocolice una vez hemos fallecido.

No es de extrañar por tanto que algún heredero que no haya resultado beneficiado como esperaba impugne el testamento ológrafo, o que el Juez designe un perito calígrafo para determinar la autenticidad del testamento si no hay 3 testigos que reconozcan la letra y firma del testador (requisito para darle valor legal)  o, si los hay, que no se pongan de acuerdo….y aquí entra nuestro Laboratorio de Análisis Documental y Forense.

Ante un testamento ológrafo la primera dificultad con la que nos encontramos es que lo ha realizado una persona mayor, con una escritura normalmente irregular debida a la edad, estado de salud, etc. Para el estudio de la autenticidad hemos de contar con escritos de la persona realizados en fechas próximas a su fallecimiento y compararlos con el testamento que se cuestiona, además de comprobar si se ha podido manipular el documento, esto es, si hay alguna parte borrada, añadida, etc.

En el caso de este testamento se nos requirió dilucidar si la fecha podría haber sido manipulada. Su observación con luz IR, UV, blanca tangencial, etc permitió identificar que primero se inscribió el dígito 8 rectificándose posteriormente y sobreponiendo el número 9, todo ello de la misma mano y siendo por tanto auténtico el documento.